Pertenezco a esa generación que tenía que decidir a los 17 años qué única cosa iba a ser el resto de su vida, lo que me generó algún que otro bloqueo, mucha frustración y una sensación constante de no pertenecer a ningún sitio.
Sin embargo, yo sabía desde pequeña que estaba aquí para hacer algo importante. Y no porque yo fuera especial —al menos no más especial que cualquier otro ser humano—, sino porque creo que todos tenemos una misión que realizar en este plano (realidad, experiencia, vida o como cada uno lo llame).
Siempre digo que si observamos la naturaleza podemos ver infinidad de especies haciendo lo que han venido a hacer. No veo a ninguno de esos individuos dudar ni por un instante de quiénes son o de cuál es su tarea. Y simplemente la hacen, porque ese es su don y su forma de ponerlo al servicio para contribuir con el todo. Así que, ¿cómo sería posible que los seres humanos, que a priori somos creaciones más complejas, estuviéramos aquí por alguna clase de error, casualidad o accidente? Y ¿cómo es posible que a nosotros nos cueste tanto reconocer qué es lo que hemos venido a hacer?
Lamentablemente, vivimos en una sociedad más compleja todavía, que ha construido estructuras a partir del miedo, que condiciona enormemente nuestro desarrollo, nuestra forma de pensar y, por tanto, nuestra forma de estar aquí, o más bien de ser aquí; hasta el punto de que nos hemos creído que hemos venido a sobrevivir, a pagar facturas, a no llegar a fin de mes, a competir entre nosotros, a llegar exhaustos al final del día, a estar en continua situación de alerta y a desconfiar los unos de los otros.
Desde ahí es tan difícil escucharse a uno mismo que acabamos poniendo el foco en lo externo y nos dejamos contagiar de generación en generación de creencias, patrones y expectativas totalmente condicionadas por nuestro entorno, que nos hacen elegir estudios que odiamos, trabajos que nos drenan y caminos de desarrollo profesional y personal que, lejos de desarrollarnos y expandirnos, nos limitan en todos los aspectos de nuestra existencia. Por pertenecer y no estar solos, acabamos por rechazarnos a nosotros mismos y sentirnos solos.
Por suerte, me tocó ser una rebelde, alguien que se pregunta siempre un poco más, que no se convence tan fácilmente de los discursos externos cuando no concuerdan con el interno, que no cambia de dirección cuando algo no sale a la primera y que no tiene miedo a dar un paso hacia lo desconocido, a quedarse sola o a lo que sea que se pueda encontrar por el camino. Y en plena adolescencia no iba a ser menos, así que empecé a estudiar Arte Dramático en contra de todas las expectativas que me rodeaban y sin ningún apoyo en mi entorno.
Pero no, no salió bien. No terminé siendo la gran actriz que en mi imaginario iba a ser, porque para mi sorpresa, aunque pareciera ser de esas personas a las que no les importa lo que opinen los demás, por más que intenté aislarme de lo externo me acabó haciendo mella. Cuando comenzaba a actuar, todos esos comentarios que las personas de mi entorno me repitieron desde que dije que quería ser actriz con unos 14 años, venían a mi cabeza: “De esto no se come”, “no vas a ser nadie en la vida”, “estudia otra cosa para asegurarte un futuro», “se creerá que va a triunfar», “¿pero tú qué te piensas, que estás en UPA Dance?», “pues anda que no hay gente esperando una oportunidad», “te morirás de hambre o te arruinarás en cuanto dejes de ser joven” y “se creerá que lo hace bien”. Fue entonces cuando entendí aquello que me decía mi padre y a mi me parecía tan paranoico de «no le cuentes a nadie tus planes».
Hasta que un día, un ataque de pánico se apoderó de mí en un escenario y me hizo salir corriendo hacia la Universidad Complutense de Madrid a estudiar lo primero que pillé que estuviera más cerca de lo que se esperara de mí. En este caso, Ciencias Políticas y de la Administración, especializarme en Análisis Político y a hacer todos los cursos que pudiera y que demostraran mi valía y la característica de la Generación Millennial.
A día de hoy puedo decirte que ninguna de esas decenas de formaciones, incluida la Licenciatura, la Especialización y el Máster del que te hablaré más adelante, me han servido para nada, excepto las que tenían que ver con Ocio y Tiempo Libre. Esas fueron las únicas que me abrieron las puertas a nivel laboral. Y no te voy a engañar… disfruté muchísimo de esos años, pero no me voy a parar mucho aquí porque necesitaría un apartado entero en la web solo para contar todas las experiencias vividas, los buenos momentos y personas muy cracks que conocí durante esta etapa.
Terminada la carrera decidí alejarme de mi entorno en Madrid y estudiar un Máster de Desarrollo Local en la UnEx, en Cáceres. Mi intención, influenciada por la historia de mis cuatro abuelos que tuvieron que migrar de Extremadura a Madrid en busca de trabajo, era encontrar la fórmula para que todo el mundo pudiera quedarse a vivir donde había nacido, si es que era lo que deseaba, sin sacrificar para ello el desarrollo profesional. Así que me puse a buscar como loca herramientas para autoproducir, crear tu propio empleo y ser lo más independiente posible.
Por aquella época trabajaba en Extremadura como Técnica de Juventud; a la par, mi vena artística seguía latiendo, concretamente con la fotografía y el autorretrato. Pasaba los días trabajando con adolescentes que empezaban a preguntarse quiénes eran y qué querían hacer en el futuro. De pronto, un día uno de ellos me dijo: «¿Y tú? ¿Qué haces aquí dándonos consejos si lo que te gusta es el arte?».
Un mes después volví a Madrid a poner en marcha FOTOGRAFÍA (IM)PERFECTA, un proyecto artístico de fotografía de autorretrato cuyo pilar era el autodescubrimiento a través de la fotografía. Comencé a hacer diversas exposiciones en sitios tan relevantes como Matadero de Madrid, NH Hoteles o el Work Café del Banco Santander; vi mi obra publicada en lugares como Hago Cosas, Enfemenino o la revista Ecologista; comencé a formar parte de colectivos como AVAM y tuve el privilegio de ser artista honorífica de El Club de las Mujeres (In)visibles. Me llamaban para participar en mercados, festivales y otros eventos para vender mi obra, y hasta tengo una cerveza con mi obra como etiqueta gracias a Cerveza DICHOSA.
Pero lo más importante fue que puse en marcha un Programa de Mentoría en Autodescubrimiento y Empoderamiento Personal a través de la Fotografía, en el que acompañaba a otras personas a darse cuenta del personaje que estaban interpretando en su vida, decidir quiénes querían ser y aprender a gestionar su pensamiento, emoción y acción para empezar a construir a la persona que querían ser en ese momento de su vida. Durante aquellos años dependía económicamente de otros trabajos, ya que el arte era de todo menos estable. En concreto estuve en tres sitios distintos que prefiero no mencionar por respeto a las personas que fueron respetuosas y me cuidaron. Sin embargo, en los tres identifiqué un mismo patrón de acoso laboral.
Y cansada de ver que la vida me estaba diciendo que por ahí no era, empecé a estudiar el Programa de Negocios Online y Marketing Digital de la END (una escuela que había empezado a seguir durante el Máster como una de esas herramientas que me permitieran crear mi propio empleo y poder vivir donde quisiera), porque quería convertir mi proyecto artístico en un negocio online estable económicamente que me permitiera dedicarme al arte por completo. Lo que más me gustaba de este programa es que, además de enseñarte estructura, hablaba de mentalidad, de propósito y de valores. No buscaba enseñarte a crear un negocio por crearlo, sino a hacer algo que realmente aporte en el mundo y eso me conquistó.
Al cabo de 6 meses había conseguido generar ingresos con mis mentorías. Sin embargo, al lanzar mi proyecto digital, muchas personas me pidieron ayuda para estructurar sus propios proyectos y hacer sus webs. Yo, que había adquirido experiencia técnica gestionando mi propio proyecto artístico durante varios años y que sentía que tenía en mis manos una herramienta muy poderosa como es el Marketing Digital y el entendimiento de cómo construir un Negocio desde 0 teniendo en cuenta el propósito y los valores personales, no lo dudé y comencé a ayudarles.
Unido a la experiencia que tenía por mi Mentoría en Autodescubrimiento y Empoderamiento Personal a través de la Fotografía, sentía que tenía por fin esa llave para ayudar a todas las personas a reconocer su propósito, a crear un servicio coherente con sus valores y con las necesidades de las personas a las que iban a ayudar, y a crear estrategias que daban los resultados esperados. Así nació DOBLEUVEDOBLE, un proyecto de Diseño Web y Mentoría en Emprendimiento Digital que me ha dado muchas alegrías y con el que he podido acompañar a personas maravillosas con propósitos increíbles y muy necesarios. Esto me abrió las puertas a ser tutora del Programa de Negocios Online y Marketing Digital de la END liderada por Antonio G, Mentora en el Máster de Negocios Rentables y en la Aceleradora de Impulso Empresarial de la escuela Bizscool liderada por Judit Català, y programas autonómicos como el de Competencia Digital Docente de la Junta de Extremadura.
Durante los últimos años he cumplido el sueño de atender a más de 1000 personas de 20 países distintos. Y he aprendido muchísimo:
- Lo primero, he corroborado que todos estamos aquí por una razón.
- También que lo que nos permite crear negocios con facilidad es la coherencia.
- Que no puedes sostener un negocio de ningún tipo con mentalidad de empleada.
- Que crear una estrategia respetuosa con tus valores influye mucho en esa coherencia.
- Pero sobre todo, que para crear un negocio exitoso que se sostenga en el tiempo y disfrutes de su día a día, tienes que habitar la identidad de la persona que puede sostenerlo.
Y esto es precioso, porque de algún modo cierra el círculo de esa niña que sabía que había algo más, y de esa joven emprendedora que a través de la fotografía enseñaba a ser quien quisieras ser.
De aquí nace EMPRENDER POR CONSCIENCIA, un programa de Mentoría en Emprendimiento Consciente que quiere mostrar a la figura de la mentora como alguien que acompaña a lo largo del tiempo, en un camino que previamente ha recorrido. Un proyecto maduro, asentado y sereno, que no busca producir contenido masivo, ni hacer cambios rápidos, ni gustar a todo el mundo. Sino que busca habitar la identidad de ese ser que permita crear la realidad que desees, reconocer en ti el propósito que sabes que tienes, crear un servicio honesto y conectado a quien eres tú y a las necesidades reales de las personas a las que atraigas, una estrategia coherente con tus valores y contigo y, por supuesto, una estructura que nos permita perseverar, avanzar desde la prueba y error, y recorrer este camino de desarrollo personal para valientes que es el emprendimiento.
Si todo esto resuena contigo, si entiendes que el propósito que reconozcas, la profesión que elijas o los negocios que construyas, evolucionarán contigo, cambiarán de forma e incluso terminarán para dar paso a otros nuevos, estás en el espacio correcto, independientemente del punto en el que esté en tu negocio, porque nunca es pronto para empezar empezar a indagar estas cuestiones, ni tarde para revisar lo que hemos construido.
Ya ves, con los años descubrí que esa gran mentira que la sociedad, nuestra familia y nuestro entorno nos había contado, la de tener que decidir tan joven qué quería ser el resto de la vida, y que a su vez a ellos mismos les habían contado también, era la que nos mantenía instalados en el miedo y perpetuaba el perfecto engranaje de un sistema que no nos quiere libres. Entendí que no tienes que ser una misma cosa el resto de tu vida. Y ahora puedo decir que soy Artista Visual, Fotógrafa, Diseñadora Web, Consultora en Marketing Digital, Tutora Académica y Mentora de Emprendimiento Consciente. Curiosamente, algunas de estas profesiones no existían entonces.
SÉ LO QUE QUIERAS SER EN CADA MOMENTO DE TU VIDA